No todos aquellos que se acercan al poker lo hacen con un fin económico. Con el transcurso de las distintas ediciones compartiremos historias de gente como tu que se ha iniciado en el mundo del poker. Aquí te contamos la historia de Majo.
Mi historia no tiene nada del otro mundo, así que no esperéis un delirio de acontecimientos asombrosos. Volvamos a empezar, mi nombre es María José, pero todos me conocen como Majo, tengo 20 y vivo con mis padres en Barcelona. La razón por la que os escribo es la misma razón por la cual empecé a jugar al poker. Hay como un prejuicio en el juego, y todo parece indicar que es un mundo sólo permitido para el sexo masculino. Esto no sólo es mentira, sino que también es absurdo.
Todo comenzó una noche, serian como las ocho. En mi casa estaban mis tres tíos y mi papá sentados alrededor de la mesa redonda cubierta por un paño verde exclusivamente utilizada para este evento, martes tras martes, desde que soy pequeña los he visto empezar sus partidas. Digo empezar ya nunca que han permitido quedarme a ver el juego. –"Pero no, Majo, este no es un juego para niñas".
Incluso le he pedido a mi padre que me enseñara a jugar durante algún día de lluvia donde no teníamos nada que hacer. Pero la respuesta seguía siendo la misma, me devolvía la baraja de cartas y me decía que jugara a la canasta que era más apropiado para una señorita.
Aprendí a jugar por internet y pase horas y horas jugando online para perfeccionarme. Después de casi un año de practicar, un martes a la hora señalada se sentaron los caballeros alrededor de la mesa, yo entré a saludarlos como todas las noches, pero le pedí a mi tío Horacio que se corriera y coloque una silla. Me senté y puse la paga de la semana sobre la mesa. Y dije "¿alguien se va a negar a que yo quiera perder este dinero?" Al principio me miraron con desconfianza, pero como ya no era una niña no pudieron negarse.
Había llegado la hora en la que mis tíos debían volver a sus hogares, para ese entonces mi dinero se había triplicado. Mi tío Horacio estaba enojado y dejaba de repetir que era suerte de principiante. Y yo le respondí que los dos sabíamos bien que el ganar al poker no era solo cuestión de suerte...











